V IDA

V ida, cuando mi hija Salome tenía 3 años reconocía ante sus ojos el abecedario. Tumbadas en la cama de una vieja casa, se sorprendía al encontrar vocales y consonantes en las vigas de madera y geometrías de la arquitectura. Recuerdo salir de mi mirada adulta para reencontrarme con la suya.

De niña yo también veía realidades ajenas al mundo adulto. Fui capaz de volar, de transformar objetos y pintar la oscuridad de la noche…

Ahora me encuentro aqui, quien sabe en qué parte del camino, entre realidades que me producen tristeza, las lloro y en el río de las lágrimas me animo a conectar con esa niña capaz de jugar la realidad, de pintar la oscuridad, de volar…y practico un nuevo juego descubriendo consonantes, en este Viaje de IDA.

El virus de la estulticia.

Estamos en tiempos de zozobra.
Quizás, lo peor,es que las tablas que sostenían por igual a toda la sociedad moderna, se están desencajando y ni siquiera nos damos cuenta.
Es posible, si no seguro, que tengamos percepciones muy distintas, los diversos grupos sociales,sobre lo que la vida es y sobre todo, sobre cómo deberíamos organizarla para el mayor bienestar general posible.
Pero,en lo que si estábamos de acuerdo todos, era en las premisas básicas generales científicas que nos explicaban el universo a la humanidad. Ahora, ni eso está consensuado, una pandemia ha hecho aflorar todos nuestros fantasmas.
En vez de hacernos mejores y más solidarios, está consiguiendo unir a antagonistas políticos en base a conspiranoias seudocientíficas qué, lo peor, es que son letales para quiénes les rodean y…para quienes las propagan.
Así pues, no vamos hacia una sociedad más justa y solidaria, cómo se creía al principio del confinamiento; ese esfuerzo había de tener también alguna recompensa moral,eso pensábamos desde nuestra ingenuidad.
No solo no ha pasado lo que vaticinábamos, antes al contrario,hemos descubierto que nuestro medievalismo y acientifismo desunen más qué, como decía, las propias ideologías sociales.
Ya no queremos reorientar el rumbo del barco común en que nos desplazamos, es que ni siquiera estamos de acuerdo en el material del que está hecho o, incluso,si es una nave o otra cosa.
Y esto tiene poco remedio. Afortunadamente , a pesar de esas discrepancias, la Humanidad seguirá como siempre adelante, sabiendo qué, todavía, hay más motivos para su desunión ,que los que existían (y ya eran bastantes) antes de la aparición del bicho.
En esas estamos.

Asumir el riesgo

Dos personas deportistas. Una inclinación absoluta por empezar a escalar paredes verticales. La persona Alfa midió los riesgos en esa actividad y vió mucho porcentaje de tener un accidente, tal vez grave, incluso de morir.

Como también le gustaba el fútbol, optó por ese deporte, aunque volvió a medir el riesgo. Para Alfa era mucho todavía, no ya de morir, pero sí de poder tener una lesión grave en las piernas. Así que acabó jugando al futbolín.

La persona Beta también midió los riesgos de la escalada, con todas sus probabilidades, pero asumió el riesgo hacer lo que su alma le pedía; sino su vida iba a ser una ñoñería.   

Fdo. András Sierra

La sugestión

Don Anastasio era hipocondríaco, y él mismo, ciertamente lo sabía.

Un día se sintió mal. Aludiendo a su hipocondría, dudó ir al hospital, pero pudo más la determinación de acudir a urgencias por si acaso. Le hospitalizaron con goteros.

Don Anastasio pensó que tal vez toda esa parafernalia era sólo en plan placebo para que, en su condición de hipocondríaco, se tranquilizara.

A raíz de ello empezó cierta sugestión. Empezó a sentirse como muy bien.

La realidad era otra, los médicos no le dijeron nada, pero tenía una grave enfermedad.

Don Anastasio cada día se sentía aún mejor. De hecho cuando lo llevaron al quirófano para intervenirle a vida o muerte, fue el momento en que se sintió mejor de toda su vida; llevaba una sonrisa de absoluta felicidad. Del quirófano no salió vivo.

Fdo. Andrés Sierra

Sentimientos

 A                                                                                                                          

-Muchas veces el sufrimiento es muy personal.

E

-Todos sentimientos son personales.

Estoy diciendo “sufrimiento”, que –efectivamente- es un “sentimiento”.

Hay sentimientos que se expresan, es decir; hacer partícipes de un sentimiento (obviamente personal) a otros semejantes. En gran parte depende de cómo es la persona que comunica el sufrimiento; pueda ser extrovertida o introvertida. Cabría añadir, en el segundo caso, que, además, sea solitaria y misógina.

Las posibilidades de comunicar un sentimiento son escasas.

Alguien extrovertido tendrá más razones para nombrar su sufrimiento.

De ahí el “muchas” y el superlativo “muy”.

El motivo de mi frase, es que se queda dentro de uno mismo el sentimiento-sufrimiento.

Fdo. Andrés Sierra

Pulvis

De vez en cuando, la Naturaleza nos recuerda nuestra animalidad, como el esclavo qué, en la antigua Roma susurraba al triunfador «recuerda que eres humano». Somos una mota de polvo en el universo. Todos los grandes logros humanos son nada. Los reyes del universo se pueden volatilizar en un instante cósmico. Todo es contingente. Nada … Leer más

Vacante

¿Cómo te relacionas con la muerte? A mí, mi abuela Carmen me la mostró directa y con cariño. Una de nuestras excursiones habituales, junto a mis primas, era al cementerio de Robres. Mi abuela iba a limpiar la tumba, a poner flores y nos hablaba del amor, de como se querían ella y mi abuelo … Leer más

A-diestra-miento

He tenido una vida cruel. Me apalearon, me hicieron trabajar enormemente, pasé hambre y al final me abandonaron.

Suerte que me encontré con una buena persono y ahora soy feliz.

Fdo. Andrés Sierra

Alieneados

En mi barrio me llevo bien con todos.

Antes, en la generación de mis padres, todos se conocían y “coincidían” en el sistema social; con su orden establecido dictatorial: no quejarse nunca.

Ahora el barrio es multirracial con sus pros y sus contras. Algunos un poco descarriados, gente fuera de la bancada, pero si me llevo bien con todos, muy cierto será que estoy plantado fuera del caballón yo también.

Fdo. Andrés Sierra

La era de las mascarillas

Casi todo Edmundo con mascarilla.

Pero llega el momento de “personalizarlas” para llevar una que sea diferente.

Algunas he visto que en una esquina va con la bandera de España.

El otro día una amiga me regaló una confeccionada por ella, con delfines, peces y todo en un fondo azul; es decir, el fondo del mar. Le dije que no me la iba a poner; sólo me pongo mascarilla por obligación para poder entrar a comprar. Pero al final la acepté y la tengo colgada en casa a modo de recuerdo.

Cerca de mi casa hay una tienda de artículos litúrgicos, y en el escaparate vi tres o cuatro mascarillas “tuneadas”. Una, toda ella, la bandera de España. Otra con la bandera de Aragón y en medio la Virgen del Pilar. Otra de color oscuro con la frase “TODO IRA BIEN”. Pensé entonces en las camisetas que llevan algunas personas (demasiadas) con la bandera Yanqui, sin que tengan nada que ver con ese país imperialista.

Tiempo al tiempo para poder ver una mascarilla, toda ella con la bandera de EE UU.

Fdo. Andrés Sierra

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Esquivar el abismo

Existe un extraño mecanismo de supervivencia que siempre nos hace creer que vivimos en el mejor momento de la Historia.

Estamos convencidos de que nada malo nos va a pasar; las cosas malas pasaban a otros en otro lugar, en otro momento. Esto vale para todas las sociedades , en todas las épocas.

Se me dirá qué, al menos en algunos lugares, esto es más cierto que en otros, pero mirémonos a nosotros mismos: el primer mundo, la sociedad más civilizada, la más avanzada del mundo…tuvimos nada menos que dos guerras mundiales en un siglo, la segunda iba a ser un reasentamiento de fronteras, otras eran golpes de estado que durarían tres días y se convirtieron en largas y sangrientas guerras civiles.

Está bien tener esa auto convicción, nos hace vivir menos sobresaltados, pero debemos saber que también es cosa nuestra conseguir que sea una realidad cotidiana, hacerlo puede llevarnos a esquivar el abismo.

Fdo. Enrique Gómez

Andrés Sierra

Coherencia

Como ya estamos en la fase tres, se puede entrar en los bares y estar al lado de la barra. Unos de los sitios habituales para mí, tiene dos puertas, la principal y otra (generalmente cerrada) que está en una estrecha calle perpendicular a la avenida importante.

Me dirijo hacia el mencionado bar por la calle estrecha y veo que la puerta pequeña está abierta, así que entro al bar por ahí, evitándome girar en la esquina para entrar por la principal.

Me acerco a la barra, colocándome en un espacio libre, lejos de la puerta habitual.

Pido la consumición (un vino del campo de Borja).

Observo que hay un papel puesto en el cristal de la puerta. Me acerco hacia ahí para leer lo que pone, intuyendo ya la misiva, puesto que las normativas legales…

No me equivoco. Con una flecha incluida señala la puerta pequeña que es por donde hay que salir del establecimiento. Ya lo he hecho mal, justo al revés; no sé por qué pero siempre voy a contracorriente, (está en mi ADN). A la hora de irme, para quedarme satisfecho moralmente en mi dinámica existencial cotidiana y puesto que he entrado por la salida, salgo por la puerta de entrada.

Pienso que eso es la coherencia.

Fdo. Andrés Sierra

Realdad distorsionada

Veo a lo lejos una playa. Me dirijo hacia ella. Antes de llegar me siento un rato a descansar. Observo un cartel no muy distante y leo: “EXCEPTO CULOS AUTORIZADOS”.

No sé por qué pienso que será una playa nudista; pas de probleme, me desnudo y ya está. Pero caigo en la cuenta… ¿a quien le tengo que pedir la autorización de mi culo? Aún más, alguien que ni me conoce ni conozco, ¿va a autorizar mi culo?. Pienso que es un sin sentido. Mi culo sólo me lo autorizo yo, y nadie más. En fin, sigo hacia la playa un poco mosqueado por lo del cartel, pero cuando llego a él leo: “EXCEPTO VEHÍCULOS AUTORIZADOS”. Me tranquilizo. Desde donde estaba sentado, el tronco de un pino no me dejaba ver toda la realidad.

Fdo. Andrés Sierra

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Espareidolia

España es un sandwich de jamón y queso

Nos pretendemos herederos de la «dieta mediterránea», pero hemos entrado de lleno en lo que se nos ha vendido como alimento del «futuro», algo que cualquier carpetovetónico de hace unas décadas, no muchas, nos hubiera tirado a la cara ( no hubiera sabido ni lo que era) ese sandwich de jamón de york y «sabanita » de supuesto queso./

Nos pasa igual en política. Faltos de cualquier formación ideológica (algo que el franquismo nos enseñó a despreciar) no respetamos el criterio de ningún «experto», ya que todos lo somos. Nos tragamos acríticamente cualquier sandwich o pildorilla demagógica que nos quieran hacer tragar.

Si volviéramos al pan de siempre, al queso cortado en el momento y al jamón de Teruel, tendríamos la esperanza de volver a creer en nuestro propio criterio, ser capaces de crear un futuro razonable, sano y rico, para todos.

¡Hay que cambiar tantas cosas antes que eso!

Con un bocadillo de verdad es mucho más difícil crear, con dos o tres bocados una imagen falsa y artificial de nosotros mismos… o de cualquier otra cosa.

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Estricta crueldad

Conozco al señor X, una buena persona, incapaz de hacer mal a nadie. De hecho da un salto para no pisar una hormiga. Ciertamente es consciente que sin poderlo evitar, a veces, hace daño. Por ejemplo, alguna vez habrá pisado hormigas, bien por descuido o por otras circunstancias, pero nunca adrede.

En una ocasión me comentó sus reflexiones al respecto. Simplemente por vivir hace daños a personas.

Siguió diciéndome que en sí, empezamos provocando daño (es decir, dolor) a la madre que nos parió.

Salvando excepciones (que las hay) una madre deja en absoluto segundo plano el dolor del parto porque es más intenso el “placer” de traer al mundo un ser vivo. Me seguía contando que incluso nosotros mismos, lo primero que hacemos es llorar, supongo, no de felicidad; es una hostia que nos dan, algo así como diciéndonos: ”¡Deja ya tu mundo de antes en el que eras feliz, ahora es otra cosa!”.

Claro, me decía el señor X, de esa hostia no nos acordamos, nuestro cerebro es todavía muy pequeño, pero a raíz de esa primera hostia, luego vienen más, in crescendo, conforme pasa el tiempo; cada vez con más frecuencia y más dolorosas, algunas merecidas y muchas otras sin motivo.

Me preocupó el señor X al confesarme que puesto que hay siempre crueldad, él había decidido ser cruel, al menos con quien se lo merece.

Hace muchísimo tiempo le perdí la pista.

No sé cómo le irá la vida y su crueldad.

Fdo. Andrés Sierra