Cazadores-recolectores

Hace miles de años que el ser humano está sobre la tierra.

Durante todo este tiempo sus características vitales fueron las de un cazador-recolector. Cuándo empezó a abandonar las cuevas y a vivir en casas también comenzó a crear sociedades y así empezaría lo que se ha dado en llamar la Historia (con mayúsculas).

Las instituciones, que conforman la estructura de estas sociedades, viene y van, nacen, mutan, se desarrollan, desaparecen…

Una de ellas es la institución matrimonial. Es decir, la manera en la que según costumbres y leyes ha de unirse una pareja.

La institucionalización del amor.

Si todas las instituciones han fracasado o hecho aguas está desde luego se ha llevado la palma.

La gente se extraña de que haya tantos divorcios en el mundo, cuando lo que debería sorprenderles es la continuidad matrimonial. Si uno nace y muere solo y las amistades son un decoroso remedo de esa otra institución llamada familia (otra institución fallida: véanse reuniones eventuales forzadas, litigios por herencia, cuñados, etcétera). La unión con un único ser del sexo contrario o no, es tan antinatural como eventual podría ser su permanencia. Sin curro fijo, sin obligaciones mutuas… la familia nuclear se va por el sumidero de la Historia, a más velocidad cuanta más globalización.

¿Esto es malo? está por ver.

De momento la Historia la ha puesto ante el espejo y no ha hecho falta que fuera deforme para ver sus aberraciones.
Un hombre o una mujer para toda la vida ¿para qué? ¿para ver como todo tu constructo (llamémosle amor) se descompone aunque te empeñes en lo contrario?

Seamos mamíferos, seamos cazadores-recolectores. No nos culpabilicemos, superemos instituciones caducas.
Mientras no se demuestre lo contrario, solo se vive una vez.

Fdo. Quique Gómez